DESAMBIGUACIÓN
La palabra "cultura" es, en castellano, un término ambiguo, ya que tiene varias acepciones de muy distinto significado.
Se denomina cultura al conjunto de conocimientos científicos, artísticos, etc., que ha adquirido un individuo, pero también se emplea la misma palabra para referirse al conjunto de las estructuras sociales, religiosas, intelectuales, etc., de un cierto país o civilización. En ocasiones se la emplea dándole una valoración en contraposición a otra que se consideraría de menor rango, así se habla de una música culta en oposición a una popular, de un arte culto en oposición a la artesanía, de una literatura culta a una del entretenimiento.
Tal vez se pudiera buscar una solución que acabara con la ambigüedad de la misma palabra atribuida a varios conceptos, al menos a su expresión escrita, aprovechando el mismo sonido fonético en castellano de la letra "k" seguido de la vocal "u", y hasta de la letra "q", si queremos ir más lejos. Así tendríamos la "cultura", la "kultura" y la "qultura", cada una atribuible a una de las diversas acepciones. Como homenaje al ciudadano "K", de Kafka, podríamos reservar para la individual la kultura, la referencia a la generalidad permanecería siendo cultura, y la humildad del pueblo y de las actividades realizadas desde él tendría su propia qultura.
La palabra “amor” también está llena de ambigüedades, aunque en parte sus distintas acepciones estén resueltas en algunas opciones, por ejemplo el amor a la Humanidad se puede definir como filantropía y el amor a dios como Caridad… En cualquier caso el filo como prefijo y el filia como sufijo, heredados de los griegos nos sirven para resolver todo lo relacionado con el amor y sus ingredientes positivos o negativos, incluida la pedofilia… Lo que sigue va bastante de cinefilia, aunque como comprobarán, si siguen adelante, se roza o confunde, según las ocasiones, con otras filias, así como con alguna fobia, lo que producirá que en algún caso se provoque un trilema.
PRÓLOGO
Una gran avenida en la ciudad es como río de vehículos y personas, más evidente si su circulación es de dirección única o si se produce algún evento colectivo del tipo manifestación pública. Pero sin necesidad de darse ninguno de los dos casos referidos, es decir que la circulación sea doble y que los entes gubernamentales tengan prohibidas las manifestaciones, el sentir popular atribuía en metáfora este sentido fluvial a la calle Bravo Murillo cuando decía frases como "bajar a Cuatro Caminos" o "bajar al Centro" como si de un descenso en aguas bravas o tranquilas se tratase.
Era pues esta calle un río que recibía como únicos afluentes culturales los que le proporcionaban como lluvias torrenciales según las cambiantes estaciones los filmes, renovados cada semana, que se proyectaban en los cines situados a sus costados o en las calles adyacentes.
Brotaba la calle como en una cascada de la Plaza de Castilla, dominada por el monumento a Calvo Sotelo, o lo que es lo mismo seca de cultura, y continuaba del mismo modo un largo trecho recto hasta que en su primer recodo, como una magnífica fuente que brotara de una oquedad abierta en su costado izquierdo, aparecía el vestíbulo del cine Chamartín.
Al poco una nueva fuente, ahora en su costado derecho, arrojaba el caudal del Cinema Murillo, y después aparecían como dos arroyos también por su flanco derecho los cines Savoy y Arizona, el primero procedente de la calle Marques de Viana y el segundo de la calle Naranjo.
No a mucho trecho y en su margen izquierda afloraba, a la vez fuente y arroyo, pues se desarrollaba formando esquina con la calle de Francisco Medrano, el caudal del cine Tetuán, tomando para sí el patronímico de todo el barrio.
Como fuente también y en la misma margen se unían los caudales del Carolina y el Lido. La primera estaba algo enturbiada a la sazón por la Sala de Fiestas que ocupaba su sótano, aunque algunos años más tarde se transformaría en fresco manantial de otra cultura diferente que sería denominada como la Movida madrileña.
Un poco más adelante y por su margen derecha llegaba como poderoso afluente, después de haber recogido las aguas del Sorrento, que nacía al fondo de la calle de Jerónima Llorente, a través de la populosa calle de Francos Rodríguez el surgido en la fuente del Bellas Vistas, que tomaba su nombre de la barriada que se desarrollaba a ambos lados de la calle.
No lejos y en su margen opuesta afloraba inmenso el imponente Cinema Europa.
Un poco más abajo, y ahora por la margen derecha, surgían como en dos cascadas pequeñas y paralelas el Montija y el actual Condado, entonces Alvarado.
El caudal del cine Cristal surgía de dentro de una profunda cueva situada en la margen izquierda y sus aguas culturales eran contaminadas por la presencia de unos magníficos billares, centro habitual de reuniones de hampones, peristas y trileros.
Podría decirse que el mar en que desembocaba este río era el estuario de la Glorieta de los Cuatro Caminos, donde todavía se le incorporaban procedentes de la avenida de la Reina Victoria las del Cine Metropolitano.
En realidad más que de cultura estamos hablando de entretenimiento, pero si te encuentras en el árido desierto del pensamiento, como era el caso, bien se les podía calificar de oasis de la cultura, o, para ser más precisos, de las culturas, pues cada película, como cada objeto artístico, es representativo de la sociedad que lo ha hecho posible. Tampoco podemos decir que se pudieran encontrar ejemplares de todas las culturas ya que, por ejemplo, el cine soviético no existía para las salas de proyección, ni en la misma proporción para unas y otras, siendo abusivo el número correspondiente a las producciones estadounidenses y propias con respecto a las diversas cinematografías europeas y latinoamericanas. Difusión cultural sesgada que se diría. En realidad una forma de qultura si volvemos a la desambiguación del comienzo.
El 93 era a la sazón una gran casa de vecindario, que fue, cuando se construyó el edificio, el más grande de su entorno. La acepción de vecindario debemos considerarla como peyorativa, pues no implicaba tan sólo una cohabitabilidad sino también un conocimiento y un trato. Es decir que todo el mundo sabía lo que pasaba en la casa de al lado por muy pocas ganas que tuviera de enterarse. Esto lo facilitaban el sistema de escaleras confluyentes en una central que era a la vez alma y pregonero del edificio, el patio de luces que ponía en relación las viviendas exteriores con las interiores y las galerías con excusado común.
El por qué un filme se te queda como poso en la memoria es el producto de muchas circunstancias en muchos casos ajenas su la propia esencia intrínseca, unas veces se recuerdan las películas por sus propios valores artísticos, otras por los actores, otras por su tema, otras por las personas que te acompañaron en su visionado, otras por alguna circunstancia que sucedió durante su proyección, otras... llegaríamos a elaborar una lista interminable. Desgraciadamente para el cine, como arte y como industria, y para las personas, que gustan de él como cultura o como espectáculo, cada vez son menos las películas que se visionan en su medio adecuado, es decir en una sala oscura y rodeado por otras personas, acompañantes y desconocidos, con lo que cada vez son menores las posibilidades que una película se te quede grabada en la memoria, antes bien se te van mezclando escenas, argumentos y hasta intérpretes con anuncios de bebidas refrescantes, automóviles más o menos contaminantes, y el anuncio de un próximo evento deportivo en canal privado o en vía abierta….
Para poder realizar una película es necesario exponer un capital que debe tener una cierta procedencia de particulares o de las diversas administraciones local, autonómica o estatal, así pues quien expone su dinero tiene la intención de recobrarlo con creces bien en incremento de su capital crematístico o bien de prestigio.
Luego están los metalenguajes, es decir, lenguajes que sólo tienen un significado para unos cuantos, lo que admite niveles de significado dentro de un mismo filme.
Por otra parte tenemos las propagandas más o menos encubiertas de tal o cual marca de automóviles, bebidas, cigarrillos, sujetadores, etc.


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