martes, 10 de abril de 2012

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            DE LOS GIGANTES DE LA PANTALLA Y DE LAS FIESTAS TRADICIONALES.

            En la memoria del momento quedó mucho más el recuerdo del pavo, tan de la familia, que los niños se niegan, entre sollozos, a comer en el día de acción de gracias que la última interpretación en la pantalla del hoy mitificado James Dean, muerto en accidente de coche poco antes de que se estrenara la película.

            Aquellas Navidades se rememoró mucho, en más de una vivienda del 93, al magnífico pavo asado relleno que tuvimos ocasión de ver en el cine Carolina durante la proyección de Gigante cuando las respectivas madres pusieron sobre la mesa un noble pollito al horno, que al contrario de lo que le sucediera a Michelangelo con su catedral de San Pedro de Roma comparada a la Santa María dei Fiore de Florencia, sino lo podían preparar más grande si que lo preparaban más sabroso.

            La cena de Nochebuena, víspera de la Navidad, era la gran fiesta del año y todas las familias procuraban hacer una gran comida con alimentos que no eran habituales, entre los que se contaba el pollo asado. Podrá parecernos extraño que un producto hoy en día tan abundante y, probablemente, la carne más barata del mercado fuera considerada un lujo, pero lo era porque todavía no se habían introducido la cría intensiva en granjas avícolas  y los gallos que había eran aves de corral, criadas y alimentadas con esmero. Hay que decir que en cuanto a sabor no tenía nada que ver con estos pollos actuales que se crían con piensos compuestos en lugares acondicionados donde lo único que tienen que hacer es comer. El gallo de corral corría y pisaba a las gallinas y se peleaba con los gallitos que intentaban hacerle la competencia por lo que crecía fuerte y musculoso alimentándose de las sobras de la comida de sus dueños.
            Luego a los postres venían los turrones y mazapanes, con café y copa de licor para los mayores, y, a veces un brindis con sidra, pues la costumbre del cava catalán todavía no se había impuesto. Acabada la cena unos vecinos pasaban a cas de otros según afinidad y costumbre y los niños nos salíamos a las escaleras con zambombas y panderetas dispuestos a armar bulla.

 
            Seguramente fue James Dean el primer borracho que vimos en la pantalla, aunque no comprendimos muy bien porque se embriagaba un hombre que se había hecho rico descubriendo pozos de petróleo. En el 93 la idea de embriaguez iba unida a la de pobreza. Teníamos muy cercana una bodega, en cuya puerta, cuando hacia buen tiempo, grupos de hombres solían tomar unos cuartillos de vino (el cuartillo es una medida que no tiene que ver con el sistema métrico de pesas y medidas ideado por los enciclopedistas sino que proviene de un sistema anterior de origen medieval y tiene una capacidad de un cuarto del azumbre, como medio litro pues) después del trabajo mientras hablaban o discutían de fútbol y toros, por lo general en voz tan alta que cualquier viandante podía enterarse de su conversación, fea costumbre ésta que está muy acendrada en los pueblos mediterráneos. A veces se jugaban el importe de las consumiciones a los "chinos", juego que consiste en sacar cada uno de los jugadores una cierta cantidad de monedas en su puño cerrado y tratar de adivinar la suma total de las sacadas entre todos.

            Estaba muy mal visto que la mujer bebiese en público, pero aquellas que lo hacían a escondidas eran capaces de ganar a los varones. La dipsomanía es una enfermedad, las enfermedades tienen la mala costumbre de atacar con mayor intensidad a los más fuertes, y siendo por naturaleza las hembras más fuertes que los machos es natural que se ceben más en ellas.

            La película de Stevens, rodada en 1956, sobre una novela de Edna Ferber, ganadora de tres premios Putlitzer, tiene diferentes niveles de lectura, y además como tres horas de visionado, lo que da para mucho… Treinta años en el desarrollo de una familia y de diversos adláteres.

            Por un lado el de la transformación de una etapa de economía agropecuaria en industrial, con el descubrimiento de los predios de petróleo sumergidos en los desiertos de Texhas resultaba más floreciente su explotación que seguir criando ganado, lo que conlleva el cambio de una sociedad matriarcal, representada por la hermana del protagonista, Rod Houdson, que es quien dirige la finca, Reata, y que al ver llegar a su hermano recién casado con una bella y distinguida señorita del este, Liz Taylor, y sentir amenazada su liderazgo se trastorna un tanto, lo que la lleva a la muerte y a través de una herencia envenenada que le hace a James Dean, con el que mantiene una extraña relación de madre, patrona y enamorada en silencio, papel que interpreta la actriz Mercedes McCambridge, con una continencia digna de todo elogio, al descubrimiento de los yacimientos petrolíferos y a la industrialización, lo que equivale a una civilización patriarcal.

            Todo esto afecta a los niveles psicológicos de sus protagonistas, Rod Houdson, pasa del pensamiento aldeano al de considerar cualquier raza tan válida como la propia, la señorita del este se convierte en una abuelaza y Dean actor se estrella contra la soledad a días de estrellarse con la inmortalidad…

            Por desgracia el pensamiento de los creativos va bastante años por delante que el del ciudadano medio, y por aquellas tierras, en Dallas, se llevaría a cabo poco después un complot lleno de incógnitas con resultado de magnicidio. Y como los asesinatos van como en el vals, o el tango, de parejas no tardaría mucho en que sucediera otro.

            Aquel verano Martín Lutero King, un negrito del que supimos sus actividades y luchas bastante después, pronunciaba en Washington ante una muchedumbre de 200.000 personas: "Tengo el sueño de que un día esta nación se levantará y hará realidad el verdadero significado de su credo: que todos los hombres han sido creados iguales". También más tarde nos enteramos de las circunstancias de su muerte.

            En cuanto al cine Carolina, que recibió tal nombre por estar enclavado en la esquina entre las calles de Bravo Murillo y la de Las Carolinas, fue pionero en su tiempo de una nueva forma de entender los espacios de ocio ya que su sótano estaba ocupado por una discoteca, que algunos años más tarde sería la sede de la denominada “Movida Madrileña”, y en ella se darían a conocer entre otros Pedro Almodóvar, a la sazón guitarrista  trasvertido en un grupo pop, Alaska, Los Secretos… y muchos más de los que se perdió la pista y la memoria.

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