QUE TRATA DE CÓMO CUALQUIERA PUEDE
CONVERTIRSE EN TESTIGO DE CARGO EN EL CAROLINA SIN PRETENDERLO.
En ciertas etapas de la adolescencia
la sexualidad es una cuestión que no se tiene del todo determinada, y en
ocasiones resulta difícil determinar los límites entre la camaradería y la
homosexualidad.
Vivíamos, por otra parte, tiempos de
una recalcitrante opresión sexual, en la que no resultaba nada fácil acceder a
intercambios amorosos con personas del sexo opuesto. Una figura típica en los
cines de barrio era la de la "pajillera". No puedo proporcionar una
información directa sobre como funcionaban sus servicios y cuales eran sus
tarifas, porque cuando llegué a una edad en que tal vez los hubiera requerido y
pagado los usos y maneras habían cambiado lo suficiente para no necesitarlo…
Así fue, en un corto intervalo de
tiempo se pasó de no estar muy bien visto escuchar la música de los Beatles a
las barricadas de Mayo del 68. La música de los Beatles por si misma nunca
hubiera llevado a ninguna barricada, pero ese tipo de música y el estilo de
vida que predicaba era un buen caldo de cultivo en que bañarse aquellos jóvenes
a los que por un motivo u otro estaban agraviados por la sociedad. El pelo
rapado de los militares se sustituía por cabellos en media melena, la ropa de
uniforme, militar o civil, pues es el caso que los civiles tenían tan pocas
posibilidades de variación en su vestuario que también podía considerárseles
uniformados, se cambiaba por variedad personal en pantalones pitillo, vaqueros,
campana..., en variedad de coloridos desde la gamas gris y marrón hacia los
tonos más próximos a los colores puros: amarillo, rojo y azul, y sus
complementarios: violeta, verde y naranja,
y por encima de todo la actitud de resignación se trocaba en una
insumisión en los modos y en el fondo, según las posibilidades de cada cual.
Pero una insumisión recatada, como avergonzada de su propia valentía, una
insumisión en ciernes como de pámpanos verdes sobre los ceporros en una viña
durante los comienzos de la primavera.
No era muy usual pero en algunas
ocasiones el trío nos habíamos reunido en el último tramo de la escalera, el
que iba hasta la azotea, donde sólo vivían dos familias, pues el edificio
habitable se retranqueaba por sus cuatro costados, y sabiendo que a media
mañana era difícil que alguien reparara en nosotros nos habíamos masturbado en
común, en alguna ocasión pensando en la encantadora Encarni, o en cualquier
otra de las bellas vecinitas. Para nosotros era hacer el acto solitario pero en
compañía, cada cual se dedicaba a su propio instrumento y se daba su propia
satisfacción.
Pablito y Julián tal vez debieron de
comenzar así hasta que un día se les debió de ocurrir probar a intercambiar sus
instrumentos.
Estábamos en el cine Carolina,
proyectaban "Testigo de Cargo", hermosa película en blanco y negro de
Willy Wilder, cuando fuimos accidentales testigos de aquel suceso.
Era una sesión de la tarde y en el
cine había una buena porción de parejas de enamorados haciendo al amparo de la
oscuridad lo que no estaba bien visto que hicieran a la luz del sol ni les
permitían sus posibilidades hacer en lugar más recatado y cómodo. ¿Quién no ha padecido
alguna vez una torticolis en su adolescencia a causa de la prolongación de una
postura forzada en los asientos de un cine? En la pantalla juzgaba severamente
el poderoso Charles Laughton al en apariencia débil Tyron Power, y no menos
severa fue la voz del acomodador:
- ¡Pero, ¿qué hacen ese par de
maricones?
Y se lió la trifulca.
No creo que fuéramos los únicos del
93 en reconocer a nuestros vecinos, pues el cine estaba cerca y la película
tenía éxito, pero para algunas cuestiones sabíamos establecer un cómplice pacto
de silencio y aquel suceso nunca llegó a transcender y convertirse en "vox
populi". Sólo afecto a los interesados que, bien por vergüenza, bien por
temor o bien porque consideraron que aquello que había comenzado como un juego
de escalera podía acabar en algo muy distinto, procuraron a partir de entonces
no dejarse ver juntos.
De hecho su sexualidad discurrió
después por senderos muy diferentes y mientras el uno afirmó su ser de varón el
otro afirmó su condición homosexual.
Pero la anécdota, de la que tomamos
buena cuenta, no nos impidió seguir visionando la peli y enamorarnos un poquito
más de Marlene, el apellido sobra, que interpreta varios papeles a la vez…
- ¡Vaya peazo de guerra, con aviones
y todo!
Encontré sentado a mi lado al niño
que ya me visitó unas tardes antes con su mismo traje pasado de moda.
- ¿Por qué no vuelves a sentarte con tus papás y
dejas de dar la lata?
Rivas me dio un codazo…
- ¡Deja de decir tonterías y hablar
a una butaca vacía, que nos vamos a perder el final, toma unas pipas y
relájate!
Miré a mi izquierda y el niño ya no
estaba…
Y mientras me relajaba mordisqueando
las pipas de girasol la simpatía de Laughton me hizo pensar que eso de la
jurisprudencia podría ser divertido y sentí por primera vez el deseo de ser
alguna vez abogado defensor. Así de tontas les llegan las vocaciones a las
personas.

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