DE CASABLANCA, EL CINE TETUÁN, DE LA VORACIDAD DE LAS INMOBILIARIAS Y OTRAS CUESTIONES.
El cine más próximo al 93 era el cine Tetuán, pequeña obra maestra de la arquitectura de los años veinte, de una gran sencillez racionalista, que de no haber desaparecido sería hoy considerado un monumento histórico-artístico, pero por desgracia el Catálogo llegó también tarde para él como para un interminable número de obras maestras del primer tercio de nuestro siglo, por sólo citar dos ejemplos la Gasolinera Gesa, de Casto Fernández-Show (por iniciativa del Colegio Oficial de Arquitectos de Madrid se ha conseguido reedificar una especie de sucedáneo) y el Mercado de Olavide, de Ferrero.
La memoria es un mecanismo de nuestro pensamiento que puede tener un uso muy diverso y hasta un abuso. Un uso negativo, aunque muy humano, es la nostalgia, según la cual " a nuestro parecer cualquiera tiempo pasado fue mejor", mientras que un uso positivo de ella sería aquello que se dice en "Lacombe, Lucien", la película de Louis Malle, de que "un pueblo que olvida su pasado merecería volver a repetir sus errores", cuestión que también podría hacerse extensiva a la individualidad.
Una película en que la memoria es constante, y que recuerdo haber visto en este cine, es la inolvidable "Casablanca" de Ingrid Bergman, pues otra nota característica de aquellos días es que los filmes no eran de los directores sino de los actores. La época dorada del actor no puede decirse que sea esta o aquella pues es una constante desde que el cine es cine, no en vano entra por los ojos, y los que dan la cara son los actores. Pero entre el continuo glamour de las estrellas surgen algunas etapas en que se habla más del cine de autor y que los espectadores buscan más el nombre del director que el de los intérpretes. Esto suele acaecer en los periodos de crisis en que las personas buscan más "el mensaje" que el entretenimiento.
El 63 no fue desde luego un año de crisis sino más bien todo lo contrario un año de continuidad, de remendarse cada uno su sayo y tirar "palante". Víctor Hugo, de haberlo vivido, nunca hubiera escrito sobre el 63, porque no fue nada convulsivo, pero Hugo no tuvo la oportunidad de conocer el cine de autor, por lo general introspectivo y "de mensaje".
Los continuos fogonazos del pasado van dando sentido a la historia y a la actuación de los personajes en el presente de la eterna continuidad de la cinta.
Filme político donde los haya, panfleto y canto a la resistencia contra el nazismo y sus adláteres fascismo y nacionalcatolicismo, unos años antes hubiera podido considerarse como de milagro que se hubiese llegado a proyectar por muchos cortes y manipulaciones traductoras que tuviera, pero ya se había producido el tratado con Estados Unidos por el que este país proporcionaría ayuda a cambio de instalar bases militares en España, lo que en cierto modo era una especie de rendición atrasada a los vencedores de la Guerra Mundial. La invasión militar era sólo puntual, en los lugares de instalación de las bases, pero la invasión industrial y tecnológica iba a ser avasalladora, y dentro de las industrias con poderío como no destacar la industria cinematográfica, la gran factoría de sueños de Hollywood.
Aunque una muchacha nos diría que la película es de Humphrey Bogart, su protagonista masculino, tenía un director, y un magnífico director era Michael Curtiz, quien la rodó en 1942, rodeado de un plantel de excelentes actores. Una obra de arte es una estructura, y como tal su resultado es mucho mejor que la simple suma de sus partes, pero cada una de ellas debe tener su propia calidad propia de lo que es para contribuir con ella al resultado final. Tampoco creo que sea el momento ni el lugar para realizar una disección fílmica pero si considero procedente extenderme un poco más en su análisis por el placer de paladear sus muchos sabores.
El argumento es sencillo: un triángulo amoroso, dos hombres y una mujer, sometidos a una cierta prueba de presión, con una colección de secundarios también admirables, y el público simpatiza de una manera inmediata con ellos porque nunca tratan de eludir sus evidentes debilidades, lo que les hace ser tan humanos como cualquiera de los espectadores:
El protagonista, Rick, ha conseguido la fortuna que le ha permitido tener su Café Americano en Casablanca mediante la venta de armas, no duda en tener dentro de él una casa de juego clandestina, hace el agua a quien le haga falta… y no deja de ser un sentimental. Lo de la venta de armas parece que es una actividad bastante provechosa que han llegado a ejercer los más variados personajes, como el poeta Arthur Rimbaud, que tras de tener un tortuoso idilio con el también poeta Verlaine, de pasar “Una temporada en el Infierno”, de tener “Las Iluminaciones” y de escribir algunos otros poemas más, terminó sus días teniendo esta lucrativa profesión, y ya que lo he mencionado no me resisto a la tentación de poner aquí un fragmento de su poesía:
“Acorralados entre bancos de roble, en los rincones
De la iglesia que entibian hediondamente sus alientos,
Todos los ojos hacia el coro que resplandece de oro y la escolanía
De las veinte gargantas voceando los cánticos piadosos;
Felices y humillados como perros golpeados,
Esos pobres de Dios, el patrón y el señor,
Exhalan sus risibles, testarudos oremus
Como un aroma de hogaza humeando olor a cera…”
La protagonista, Lisa, no duda en pasárselo bomba por Paris a los pocos días de saber que su marido ha muerto en un campo de concentración.
El supuesto difunto lo que más desea es poner muchos kilómetros de distancia ante la posibilidad de una nueva captura.
El capitán de policía francés es la quintaesencia de la corrupción en todos los sentidos…
Y así todos los demás, incluido Sam, que no deja de considerarse a sí mismo como una mercancía que se puede traspasar al mismo tiempo que un establecimiento comercial, por muy café americano que sea.
Aunque algunos de sus diálogos, obra de los hermanos Epstein, no tengan desperdicio y permanezcan anclados en la memoria a través de las décadas.
- ¿Dónde estuviste anoche, Rick?
- Hace mucho tiempo de eso. No me acuerdo.
- ¿Te veré esta noche?
- Nunca hago planes con tanta antelación.
- ¿Cuál es su nacionalidad, Rick?
- Borracho.
- Recuerda que te estoy apuntando al corazón…
- Es mi punto menos vulnerable. (Dice el capitán de policía francés)
-No sé si es mi corazón que late con tanta fuerza o el nuevo cañón de 90 que han instalado los nazis en las cercanías de Paris…
-Fue una fecha inolvidable, tú lucías un precioso traje azul y los alemanes vestían uniforme gris.
- ¿No cree posible que algún día desfilemos por su querida New York?
- Les aconsejaría que no frecuentaran ciertos barrios…
- Dijiste que tenía que pensar por los dos y es lo que he hecho… Siempre nos quedará Paris.
Y la más célebre:
Tócala de nuevo, Sam, tócala!!!!
Y a continuación se escucha “El tiempo dice adiós”, que no deja de ser una falsedad porque muchos de los detritus de Saturno permanecen para siempre en nuestra memoria.
En lo referente a la sala donde la vimos proyectarse ya encontraremos más tarde una amplia referencia a sus cualidades arquitectónicas y oníricas.

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