QUE TRATA SOBRE LA MUERTE EN VERSIÓN
APOCALIPSIS, EL CINE MURILLO Y DE NUEVOS CONOCIDOS.
Así pues llegó octubre, y con el mes
el comienzo del primer curso en la academia. La nueva academia era un mundo por
completo diferente al colegio, entre otras cualidades positivas tenía la de ser
mixta, es decir que en el mismo aula había alumnos de ambos sexos, así como
también había profesores de ambos sexos. Como tenía pocos alumnos estábamos
agrupados de dos en dos cursos. Así durante todo aquel curso pude disfrutar de
la compañía de Eugenia, que estaba en segundo y se convirtió en mi primer amor platónico,
aunque como buen seguidor del filósofo griego, aún sin conocer todavía su
filosofía ni de refilón, ya comprendí que el amor comienza por la materia hasta
llegar a lo espiritual. Y es que Eugenia era una joven a la que resultaba
imposible verla y no amar la armonía de sus rasgos de virgen-niña renacentista,
rubita, de ojos verdes y grandes, altura media, curvas acordes con los cánones
praxitelianos, es decir, de integral… y olor y aura acorde con las formas.
A Arturo le profesaba una sana
envidia porque se sentaba al lado de Eugenia. Arturo era el alumno más
aventajado de su curso y por eso le pusieron de compañero de pupitre con ella
que todo lo que le sobraba de belleza natural, quizá por compensación, le
faltaba de intelecto, aunque reconozco que es mi resentimiento a través de los
años quien me hace hablar así, porque en realidad lo suyo no era falta de
coeficiente intelectual sino despiste, estar de continuo pensando en otras
cosas que la atraían más que las asignaturas. Como descubriría después, casi a
final de curso, cuando ya era demasiado tarde para desenamorarme, Eugenia tenía
un novio, un novio de fin de semana que la llevaba a bailar a los guateques y a
la penumbra móvil de las salas de cine.
La envidia era sana porque a Arturo
ella no le interesaba lo más mínimo como hembra, más bien la sentía como carga
que le impedía concentrarse tanto como hubiera querido en sus estudios. Tenía
algo de misógino quizá por transferencia del odio hacia su hermana, sólo dos
años menor que él, que le debía de haber quitado en su hogar el puesto de
príncipe de la casa.
Mi venganza sobre Arturo me la
proporcionó el Dibujo pues se descubrió que yo poseía unas actitudes innatas
para él. Y desde luego no podían ser adquiridas porque en la Escuela Pública era éste
otro de los aspectos importantes para la formación de cualquier persona que se
descuidaba, mejor dicho se mataba ya que más que permitir se animaba a calcar
los dibujos con que se adornaban los cuadernos de trabajo. Si tenemos en cuenta
que el valor que se le daba al dibujo era el de decoración podemos considerar
en que mezquino concepto se le tenía. Un vacío educativo más que añadir al de
la música y algún otro en la formación de generaciones enteras, pues tanto el
dibujo como la música son valores en si mismos por cuanto contribuyen en
ensanchar y engrandecer las posibilidades de expresión y de conocimiento
intelectivo de las personas
Así en las clases de dibujo pasó
Eugenia a sentarse a mi lado lo que me permitió no solo olerla y mirarla sino
también en ocasiones tocarla cogiendo con mi mano la suya para trazar con el
lápiz sobre el papel alguna que otra línea. Por lo demás no aproveché para
mayor cosa la oportunidad que se me brindaba los martes y los jueves de cuatro
a cinco de la tarde porque nunca he sido muy tocón y tampoco ponía ella nada de
su parte. Desde su posición de un año mayor de edad y con ciertas experiencias
me consideraba como a un bebé y su actitud señorial hacia mi me hacia guardar
las distancias.
No era el caso de Arturo quien a
pesar de estar un curso más avanzado y ser también mayor me consideraba su
igual, sin duda porque en lo cognoscitivo lo era, y aún en algunos aspectos, en
el plano teórico, estaba por delante de él después de las charlas que había
tenido con Quique. El caso es que encontré en él un buen compañero para ir al
cine. Con él vi, por ejemplo, "El Séptimo Sello".
Arturo tenía muy claro que de mayor
quería ser licenciado en físicas y dedicarse al estudio de esta ciencia, y se
interesaba mucho por conseguir revistas relacionadas con estos temas y
leérselas de pe a pa y después comentar sus descubrimientos con cualquier amigo
que estuviera dispuesto a escucharle -su padre trabajaba en un laboratorio
farmacéutico, nunca me enteré muy bien qué cargo ocupaba, pero le llevaba a
casa los números atrasados de las publicaciones que llegaban a la empresa-, así
me llegué a enterar que un tal Einstein, un judío de nacionalidad germana, del
que ya tenía noticias por cuestiones relacionadas con la bomba atómica -se le
llamaba el Padre de tal engendró- había descubierto una teoría que se
denominaba de la relatividad, y como mi interés por esas cuestiones era también
relativo cuando mi colega se ponía en plan doctor procuraba llevar el tema de
conversación a otros aspectos del espacio-tiempo en que discurríamos, en
particular hacia la persona que ocupaba más tiempo en mis pensamientos, su
compañera de pupitre María Eugenia.
- Así que quieres ser picapleitos, trajeado
y en los juzgados…
- Me parece que tendré que llevar
una especie de vestimenta negra a la que llaman toga, por lo que he visto en
alguna peli…
- No sé cuanto tienen de verdad lo
que vemos en las pelis… y ¿vas a defender por igual a los malos que a los
buenos?
- Por ahora mi conocimiento del tema
también es relativo como eso de que me hablabas, y me parece muy lejano el que
llegue a ser algo algún día. Por el momento lo que más ocupa mi pensamiento es
tu compañera de pupitre.
- ¿María Eugenia?, menuda tonta, esa
nunca llegará a nada, vaya desperdicio, sus padres la tienen en la academia por
no tenerla todo el día en casa o tonteando por la calle en espera de que tenga
la edad para que la encuentren un buen novio de su agrado y casarla y que tenga
la vida resuelta para siempre.
- No le das muchas esperanzas de un
futuro feliz a nuestra compañera, al menos reconocerás que su presencia y
alegría nos hace las clases más llevaderas.
- Será a ti, a mi me pone los
nervios tener que perder mi tiempo en volver a explicarle cuestiones bien
sencillas y bien desarrolladas por el profe que “no se me queda”, dice ella,
¡vaya tonta!
- Tiene un olor especial, a mi me
inspira muchas cosas…
- Huele a perfumes baratos, creo que
lo llaman pachulí o algo así, y es para disimular sus propios olores
corporales, sobre todo en ciertos días del mes… ¿Me entiendes?
Suspiré sin saber que contestar.
- Además es mayor que tú.
- Sólo un año, eso no es nada.
- A las chicas les gustan los
muchachos que tienen mayor edad que ellas, tal vez porque piensan que les
puedan enseñar cosas que las intrigan, por su mayor experiencia.
- ¿Qué tipo de cosas?
- A veces tú también pareces tonto,
Ramón María.
- Mi amigo Quique me da buenas
explicaciones sobre el comportamiento que hay que tener con las chicas… ¿Tienes
alguna experiencia sobre el tema?
- Mira con soportar a mi hermana ya
tengo bastante, es una quisquillosa y una intrigante, el cosmos de la mujer me
resulta muy lejano y no me parece agradable para nada. ¿Piensas que el Universo
es infinito, ilimitado o elástico?
- Pienso que el estar enamorado me
hace a la vez ser muy feliz y muy infeliz…
Pero Arturo no escuchó mis últimas
palabras y me soltó toda una disertación sobre la teoría de la relatividad,
seguro que lo último que había leído en alguna revista.
En tanto nos aproximábamos a la
embocadura del cine y las taquillas, y mientras escuchaba como en off su
disertación mis sentimientos místicos sobre el amor, sin duda fruto de mis
lecturas del Dante y del nacionalcatolicismo escolar, me repetían estos versos:
“Tú eres mi gran amor,
Por ti mi vida daría,
¡Oh, Eugenia de mi vida!
Por ti muero y sigo vivo
Y todo por ti, querida
¡María Eugenia de mi vida!”
El cine Murillo, ocupaba, ocupa hoy
reconvertido en restaurante, especializado en celebraciones de bodas, y
cambiado su nombre por el pomposo de Salones Paris, la planta baja y el sótano
de un edificio de viviendas. Esto había influido en algunos aspectos de su
conformación, así se desarrollaba en un único espacio constituido por el patio
de butacas, el techo plano y unas hileras de grandes columnas entre los
pasillos laterales y los asientos, que inutilizaban el uso de algunas de las
localidades, y que se habían dispuesto para acortar la luz de los forjados de
los pisos de viviendas. Esta configuración daba a la sala un aspecto de templo
egipcio o de cripta funeraria, aunque mi criterio pueda hallarse influido por
haber visto allí "El Séptimo Sello", terrorífica cinta de Ingmar
Bergman. Y terrorífica no el sentido físico como las pertenecientes a ese
género llamado de "terror" cuya visión puede llegar en ciertos
momentos a producir escalofríos en la espalda, sino del miedo que provoca la
misma sensación, pero en el alma.
Cuando se es niño, si no se ha tenido
la desgracia de tener una experiencia muy cercana, se ve la Muerte con una sensación de
lejanía, como en el fondo de una perspectiva cónica, y contemplarla como algo
cotidiano que se puede sentar a tu lado a jugar una partida de ajedrez resulta
un tanto extraño, pero fascinante.
Aunque jugar al ajedrez no era para
nosotros algo cotidiano y ni siquiera sabíamos como se jugaba pues este deporte
del pensamiento no estaba nada difundido dentro de las escuelas públicas.
Parecía como si se temiese que adiestrar la mente dentro de un sistema lógico
pudiera dar lugar a que el pensamiento se pudiera desarrollar lo suficiente
para poner en cuestión algunas incongruencias que se daban como dogmas
establecidos y tanto en el sentido religioso como en el político.
El
Caballero que juega una partida de ajedrez imposible de ganar está interpretado
por Max von Sydow, actor que se repetiría una y otra vez en el cine de Bergman
y que formaría pareja en el celuloide con una actriz de muchos registros
llamada Liv Ullmann, que a su vez era pareja del director, G. Björnstrand hace
de Jons, su escudero y Bibi Andersonn como Mia, interpreta a una joven perteneciente
a una familia de cómicos que hacen como un contrapunto a la seriedad del juego
en el que Bengt Ekerot como la Muerte,
con la cara maquillada de un blanco cadavérico, tiene todo a su favor pues cuenta con la peste, el hambre y la
guerra como infalibles aliados. Los Cuatro Jinetes del Apocalipsis siempre tan
unidos…
Es usual en el mundo del arte, de
los artistas y la filosofía, que se produzcan metáforas sobre el significado de
la vida. En este filme plantea Bergman la vida, en una concepción bastante
medieval que encuentra referencias en el barroco entre otros en las obras de
Calderón de la Barca,
primordialmente en sus Autos Sacramentales, como en "El Gran Teatro del
Mundo", de las personas como comediantes que representaran su papel en el
escenario de un teatro, lo que no deja de ser a la vez una concepción bastante
fatalista ya que para ser un buen actor no te puedes salir del guión que te ha
asignado un supuesto director de escena, y deberás morir así mismo en el
momento oportuno, lo que no estaría del todo mal si después se pudiera salir a
saludar ante los aplausos del público. A esta concepción se opone la visión más
moderna de la vida considerada como un viaje sin una meta concreta en el que la
persona se va enriqueciendo con las experiencias que le va proporcionando su cambiante
entorno al que a su vez puede enriquecer mediante sus propias acciones y sus
obras.
Algo que chocaba a nuestra cultura
mediterránea era que la Muerte
estuviera interpretada por un actor masculino, Bengt Ekerot, y aún no deja de
ser curioso como según la latitud de las diferentes culturas se atribuya uno u
otro sexo a quien Alejandro Casona definiera como "La Dama del Alba".
Y en noviembre moriría exiliado en
un lejano país, Méxhico, el poeta Luis Cernuda, de gran influencia en las
letras hispanas.
“El mar es un olvido,
Una canción, un labio,
El mar es un amante
Fiel respuesta a un deseo…”

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