DE LA ODISEA EN LOS SALESIANOS DE
ESTRECHO, COMO ALTERNATIVA A LOS CINES COMERCIALES.
El Colegio de los Padres Salesianos
de Estrecho se sitúa se sitúa casi en la confluencia de las calles de Francos
Rodríguez cuando desemboca en la de Bravo Murillo, y ocupa casi una manzana
entre Iglesia, patios y colegio propiamente dicho. Los avatares del destino le
hicieron que durante la Guerra Civil se transformara en centro de reclutamiento
e instrucción del célebre 5º Regimiento, que enviaba a los recién incorporados
voluntarios a defender las alturas del Guadarrama en alpargatas.
A algún prior, al que le debían
haber llegado ecos del Concilio Vaticano II, tuvo la idea de que la mejor forma
de que no se le vayan descarriando las ovejas es tenerlas organizadas en su
aprisco, entretenidas y alimentadas. Así en las tardes dominicales se
organizaba todo un evento que comenzaba con un partido de fútbol entre chicos
de los colegios públicos cercanos y los propios, continuaba con una frugal
merienda (un trozo de pan con una onza de chocolate y un vaso de leche en
polvo, de la que donaban los americanos en barricas de cartón), y se culminaba
con la proyección de una película.
Aunque nunca he sido capaz de dar
una patada a un bote, como el citado evento no resultaba muy atractivo para casi
nadie (una excepción eran los muy futboleros capaces de correr detrás de un
balón hasta en el mismo infierno), ya que bastante colegio teníamos durante la
semana para también pasar la tarde del domingo encerrados en uno, en mi
condición de empolloncete alguien decidió que debía voluntariamente rellenar
alguna de las vacantes de los que había sabido encontrar las disculpas idóneas
para desertar.
- Ramón juega muy mal -salió en mi
defensa Rivas al notar una mirada aterrorizada que le lancé.
- Que juegue de portero, para eso no
hay que tener muchos conocimientos del medio -replicó el profesor.
- Portero ya tenemos, y muy bueno
-volvió a la carga Rivas.
- Pues que juegue de medio estorbo
-se le ocurrió al profe, que tampoco debía tener muchos conocimientos de
balompié.
- ¡Mejor que juegue de estorbo
entero! -se le ocurrió al graciosillo de turno, frase que fue acompañada por
risas generalizadas.
El violento palmetazo de una regla sobre
el pupitre más cercano al maestro acabó con el jolgorio como por ensalmo.
- No se hable más del asunto, señor
Rivas venga a mi mesa y ayúdeme a elaborar la alineación y… ¡Ay del que se
atreva a faltar al partido!
Del tal encuentro no recuerdo gran
cosa, porque en todos los equipos hay jugones que acaparan el balón la mayor
parte del tiempo, y si por casualidad llega la pelota a tus inmediaciones un
patadón y a seguir deambulando de un lado para otro mirando las evoluciones de
propios y extraños. Después comprobaría, cuando por la televisión pasaran
partidos de balompié mañana, tarde, noche y madrugada, que resulta casi
imposible no detenerte en algún momento a ver uno, que mi táctica no era muy
diferente a la de jugadores de gran renombre y altas fichas, que se pasan algunos
partidos como desaparecidos. Del trozo de chocolate que era terroso y tenía un
cierto sabor a la arena del campo de juego, y de la película que me entusiasmó.
Entre los cuatro o cinco libros que
había habido por casa hasta las navidades anteriores, pues no había por
entonces demasiada afición a la literatura entre los vecinos del 93, a
excepción de algún honroso caso aislado, como la madre de Rivas, había una
edición para jóvenes de la
Odisea. Curiosa edición en la que se desarrollaba con
minuciosidad la aventura de los terrenos y se olvidaba la de los celestes. De
lo que es mitología grecorromana en si no se podía prescindir, porque no es
posible una Odisea sin Sirenas, sin
Lestrigones ni Cíclope, pero al no estar relacionados con las deidades paganas
adquirían más bien una calificación de bichos extraños.
En alguna versión similar se debió
de basar el guionista del filme "Ulises", dirigido por Mario Camerini
en 1955.
Los otros dos libros que había por casa que se
podían considerar materia literaria eran la "Divina Comedia", de
Dante, también en una edición juvenil y en prosa. (Pasarían varios años hasta
que llegara a enterarme que el original había sido escrito en preciosos
tercetos encadenados y en una novedosa lengua cuando fue escrito denominada toscano,
que con el paso de los siglos daría en lo que hoy se denomina italiano: ¡Porca
Madona!) y "El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha", en una
edición que aunque se intitulaba en esta ocasión "para los niños",
tenía una considerable extensión que casi abarcaba la obra al completo aunque
también tendría que tardar varios años en saber que su autor había sido Cide
Hamete Benengeli.
Las Navidades últimas, más bien los
Reyes Magos, pues era esta fecha en la tradicionalmente se hacían los regalos
navideños a los niños, habían marcado el antes y el después en materia
literaria en nuestra casa, pues mi padre decidió que había llegado el momento
de que mi formación educativa se viera complementada por una inmersión en la
lectura, y así todos los regalos de variada índole que me acostumbraban hacer
tanto mis padre como algunos tíos se vieron uniformados en tomos encuadernados
de una colección juvenil ilustrada, con lo que se pasó de la casi nada a la
abundancia y del hambre al empacho, que no llegó a producirse porque la Fiesta de Reyes no puede
haber sido peor situada en el calendario en relación con el uso que se hace de
ella.
El papel de Ulises lo interpretaba
Kirk Douglas, actor siempre capaz de sacar partido a un personaje cumplía con
su papel de héroe de Troya regresando a
través de múltiples peligros a su querida Ítaca, pero el rol estaba lejos de
exigirle la tensión dramática que era capaz de desarrollar cuando el guión lo
exigía y el director estaba a la altura de las circunstancias, como lo estuvo,
entre otros, Stanley Kubrik dándole el papel del Coronel Dax en "Senderos
de Gloria", del 1957, filme antimilitarista donde los haya que tardaría
décadas en poder proyectarse en las pantallas españolas.
Trabajaba también Anthony Quinn,
cumpliendo su papel a la espera de que llegara su papel por antonomasia: Zorba,
el Griego, y Silvana Mangano, siempre bella, que ya había comido Arroz Amargo y
había bailado el bayón de "Ana", pero que aún no había tenido ocasión
de conocer a Pier Paolo Pasolini para llegar a ser ella misma.
Aunque la mitología no fuera
explicada con precisión estaba presente en los monumentos de la ciudad, así sus
dos fuentes más representativas Cibeles y Neptuno aludían a dos dioses
mitológicos, la diosa de las fuentes y el dios de los Mares, respectivamente,
se podría pensar que producto de la añoranza del mar que se tenía en el centro
de la península, aunque en realidad eran producto de la Ilustración del siglo
XVIII, un conjunto urbano diseñado por el arquitecto Pedro Rivera con una
fuente dedicada a Apolo, también conocida como "De las cuatro
Estaciones", haciendo de eje de simetría de las dos fuentes cilíndricas
mencionadas.
No obstante por el momento eran sólo
monumentos y habrían de pasar años para que la ciudadanía dedicara ofrendas y
sacrificios a estos dioses buscando la disculpa deportiva para ir a adorarlos
haciéndoles emblemas de los dos equipos de futbol más representativos de la
capital. Cibeles era la diosa protectora del Real Madrid y Neptuno el campeón
del Atlético de Madrid, y según ganara uno u otro algún título, o simplemente
un partido que se considerara interesante, se producía una peregrinación de los
partidarios del culto vencedor a su respectiva fuente con el ánimo de hacer una
comunión mediante la inmersión colectiva en sus aguas.
La biga de Cibeles está tirada por
dos leones, seguro que para remarcar que aunque Diosa de aguas, lo es de aguas
interiores, fuentes, ríos y arroyos, como el Castellana, que discurre bajo
ella, mientras que el carro de Neptuno lo hacen caracolear dos caballos, que
por algo los creo el señor de las profundidades marinas en su disputa con
Atenea sobre cuál sería la deidad hegemónica en Atenas. Ganó el olivo de la paz
de la Palas y ojalá que alguna vez también salga triunfador el Orbe.
Para nosotros el sucedáneo de los
piélagos procelosos que tuvo que atravesar el héroe de Ítaca en su regreso a la
patria era el estanque del Parque del Buen Retiro, donde disponían de barcas de
remos en alquiler. En algunas tardes dominicales del estío o la primavera era
una buena alternativa a las reiterativas y a veces cansinas tardes de cine y
paseo por el barrio, aunque como no nos dejaban ir solos había que aprovechar alguna
rara ocasión en que algún mayor que nosotros, como el hermano de Rivas, Enrique,
de quien ya hablaré más tarde, también le apeteciera pasar la tarde por allí,
porque no tuviera un plan concreto con los amigos de su edad.
Como quedaba un tanto lejos de
nuestro entorno inmediato la aventura comenzaba por un viaje subterráneo hasta
la estación de metro de Retiro, pues este medio de transporte se utilizaba en
contadas ocasiones y para nosotros era algo excepcional. Lo de la propia
aventura a bordo de los esquifes era cambiante según las circunstancias y podía
ser desde una travesía tranquila y apacible disfrutando del sol vespertino hasta
acabar en una guerra de salpicones mediante los remos con otros grupos en la
que acabábamos todos empapados, tirios y troyanos, y más de uno ajeno a la
batalla.
La metáfora de los Lestrigones, volviendo a
Homero, unos gigantes que devoran a los humanos y les destruyen sus naves de
supervivencia, sólo la entendería muchos años después cuando sufriera en propia
carne lo que es una hipoteca y la insaciable hambre de las financieras.

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