DE CÓMO TE PUEDES SENTIR HÉROE
IDENTIFICÁNDOTE CON LOS PROTAGONISTAS DE LOS FILMES.
Una de nuestras películas favoritas
era "Raíces Profundas", de Stevens. Creo que ya la había visto con
anterioridad, tal vez con nueve o diez años, cuando todavía no se siente
vergüenza en llevar una cartuchera de tela con una pistola de plástico al cinto
y se juega a ver quien la saca más rápido, pero Alan Ladd era uno de nuestros
héroes favoritos y no perdimos ocasión de volver a verle cuando programaron la
película en el cine Savoy.
Tal vez nos atraía en él su espíritu
de sacrificio, su valor y su capacidad de renuncia. El espíritu del filme,
aunque también hay un poco de todo lo anterior en el personaje de
"Shane", iba más en una dirección más profunda, profusamente tratada
por el teatro griego, hacia la imposibilidad de cambiar su destino el ser
humano. "Si naciste pa martillo del cielo te caen los clavos". Así el
pistolero con intenciones de regenerarse se verá obligado por las
circunstancias a tener que engrasar de nuevo la artillería, tema reiterativo
también en el cine que llega hasta los noventa con "Sin Perdón" de
Clint Eastwood, aunque desarrollado con mucha menos poesía y llegando hasta un
naturalismo desgarrado. Entre una versión de la tragedia y la otra ha pasado la
tragedia del Vietnam con sus bombas incendiarias.
Trágica fue también para nosotros
aquella soleada mañana de domingo, en particular para Paco, que se sintió héroe
y tuvo peor fortuna que Shane. Sería por los alrededores del 4 de Julio, que es
la festividad de la patrona del barrio, la virgen de la Victoria, que como ya
quedó dicho le viene, al parecer, lo mismo que al barrio, a causa de que hacia
1860 los ejércitos del general Prim acamparon por estos terrenos después de
haber ganado a los marroquíes la
Batalla de Tetuán, acción, la de la batalla, digo,
inmortalizada por el pintor catalán Fortuny, y obra maestra de la pintura
porque como buen impresionista se preocupó mucho más de representar la luz
poderosa del norte de África que del tema bélico.
Por estas fechas se solía montar una
feria por la zona de la Plaza
de Castilla a base de tiovivos y otras atracciones mecánicas, amén de barracas
con tómbolas y kioskos de bebidas. También se solía establecer alguna kermesse
para bailar en un solar cercano donde los jóvenes, y los no tan jóvenes, podían
disfrutar con los bailes amenizados por una orquestina.
A aquellas horas de la soleada
mañana las atracciones no estaban activas y las lonas cubrían los diferentes
cachivaches, todo estaba quieto a excepción de un juego de barcas en el que se
columpiaba un grupo de muchachos de nuestra edad. El recinto estaba cerrado por
una valla baja, como de un metro de altura, construida en madera a base de unos
largueros de tablón y unos montantes de tabla clavados a los largueros y separados
entre si como una cuarta. los montantes estaban pintados alternativamente en
blanco y azul celeste, aunque la continua exposición a las inclemencias del
tiempo había desvanecido los colores y parecían de un uniforme tono sucio y
grisáceo.
- ¿Están funcionando las barcas? -
preguntó Rivas a los chicos que se columpiaban.
- No -respondió uno de ellos-. Pero
como no tenían cadena y la puerta estaba abierta las estamos usando.
Seguramente había sido un descuido
del dueño de la atracción que terminando muy tarde su trabajo el día anterior,
pues los sábados era el día que más se prolongaba la verbena, se había retirado
a dormir sin tener ninguna precaución de dejar protegida su propiedad. En
cualquier caso era una buena oportunidad de divertirnos sin gastar dinero y no
necesitamos ninguna invitación para estar a los pocos instantes incorporados al
juego.
Primero subimos en una de las
embarcaciones Paco y yo mientras Rivas le daba marcha, y luego fuimos rotando
los puestos de balanceados y balanceador.
La forma normal de frenado consistía
en un tablón de madera que se elevaba el suelo mediante una palanca y con el
rozamiento con la quilla iba haciendo más cortos los periodos de elongación
hasta la total detención de la barca, lo cual llevaba un aunque breve si
considerable tiempo, que se podía reducir si el balanceador se enganchaba a la
borda y contribuía con su propia inercia al frenado.
En esto apareció un hombre gritando.
-¡Eh, chicos! ¡¿Qué hacéis ahí en
las barcas?!
Y todos nos asustamos pensando que
se trataba del dueño de la atracción y que nos iba a hacer algo. El pánico es
una sensación de temor hacia algo indefinido y por tanto está fuera del alcance
del raciocinio. Por tanto debió de ser pánico lo que apreció Paco en nuestras
voces cuando le instamos a detener la barca con prontitud y acuciado por ellas
y con un sentimiento de compañerismo mal entendido en vez de recurrir a la palanca
de frenado decidió detener el móvil con las manos sin reparar en que la fuerza
de inercia que llevaba en el descenso se las podría doblar e impactar la quilla
en su cabeza. Como así sucedió saliendo lanzado hacia atrás hasta caer en
tierra.
Tenía una profunda brecha en la
frente por la manaba sangre en abundancia y la ocupación de la atracción de
feria pasó a un plano secundario ante la premiosidad de procurar atención a la
herida.
El hombre de los gritos también
colaboró en el traslado de nuestro amigo, con lo que nos enteramos que no se
trataba del propietario de las barcas sino de otro feriante que tenía un kiosko
de bebidas y sólo conocía al dueño como cliente de su chiringuito, hasta la Casa de Socorro,
relativamente cercana, pues ocupaba, y ocupa, uno de los bajos laterales de la Tenencia de Alcaldía, lo
que fue el Ayuntamiento del pueblo de Tetuán antes de que fuera anexionado por
la capital.
Fue más lo escandaloso de la sangre
y el susto que la importancia real de la herida pues la pudo cerrar el
practicante de guardia con un par de puntos de sutura.
Aunque tal vez le produjera alguna
otra herida interna en el coco, porque una vez que le fui a visitar me habló de
un niño que de vez en cuando se sentaba junto a su cama y decía ser amigo mío.
- Como habla en francés no le
entiendo de la misa a la media pero es muy simpático y asegura que tú escribirás
sobre nosotros…
- Si dices que no entiendes lo que
te dice ¿cómo puedes saber de qué te habla?
- Lo leo en su mirada… y también me
cuenta cosas sobre Miserables…
- ¿Miserables?
- Personas que encarcelan por robar
un pan para dar de comer a sus hijos…
- ¡Seña María creo que a Pedrito le
ha vuelto a subir la fiebre!
Como su madre era muy católica y
hacia pocos días que había fallecido el papa Juan XXIII, al que se le tenía por
santo, con cierto merecimiento pues se le había ocurrido mirar hacia la Iglesia
de los Pobres, atribuyó que el impacto que pudo ser mortal se hubiera quedado
casi en nada por su intersección desde los cielos… Y vistió durante una
temporada el hábito del Carmen, de color marrón con un cordón trenzado en la
cintura de tono morado, costumbre que estaba bastante extendida por aquellas
fechas cuando se hacía algún tipo de promesa a los Cielos por la sanación de un
familiar.

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