jueves, 19 de abril de 2012

21


            DE CÓMO TE PUEDES SENTIR HÉROE IDENTIFICÁNDOTE CON LOS PROTAGONISTAS DE LOS FILMES.

            Una de nuestras películas favoritas era "Raíces Profundas", de Stevens. Creo que ya la había visto con anterioridad, tal vez con nueve o diez años, cuando todavía no se siente vergüenza en llevar una cartuchera de tela con una pistola de plástico al cinto y se juega a ver quien la saca más rápido, pero Alan Ladd era uno de nuestros héroes favoritos y no perdimos ocasión de volver a verle cuando programaron la película en el cine Savoy.
            Tal vez nos atraía en él su espíritu de sacrificio, su valor y su capacidad de renuncia. El espíritu del filme, aunque también hay un poco de todo lo anterior en el personaje de "Shane", iba más en una dirección más profunda, profusamente tratada por el teatro griego, hacia la imposibilidad de cambiar su destino el ser humano. "Si naciste pa martillo del cielo te caen los clavos". Así el pistolero con intenciones de regenerarse se verá obligado por las circunstancias a tener que engrasar de nuevo la artillería, tema reiterativo también en el cine que llega hasta los noventa con "Sin Perdón" de Clint Eastwood, aunque desarrollado con mucha menos poesía y llegando hasta un naturalismo desgarrado. Entre una versión de la tragedia y la otra ha pasado la tragedia del Vietnam con sus bombas incendiarias.


            Trágica fue también para nosotros aquella soleada mañana de domingo, en particular para Paco, que se sintió héroe y tuvo peor fortuna que Shane. Sería por los alrededores del 4 de Julio, que es la festividad de la patrona del barrio, la virgen de la Victoria, que como ya quedó dicho le viene, al parecer, lo mismo que al barrio, a causa de que hacia 1860 los ejércitos del general Prim acamparon por estos terrenos después de haber ganado a los marroquíes la Batalla de Tetuán, acción, la de la batalla, digo, inmortalizada por el pintor catalán Fortuny, y obra maestra de la pintura porque como buen impresionista se preocupó mucho más de representar la luz poderosa del norte de África que del tema bélico.

            Por estas fechas se solía montar una feria por la zona de la Plaza de Castilla a base de tiovivos y otras atracciones mecánicas, amén de barracas con tómbolas y kioskos de bebidas. También se solía establecer alguna kermesse para bailar en un solar cercano donde los jóvenes, y los no tan jóvenes, podían disfrutar con los bailes amenizados por una orquestina.
            A aquellas horas de la soleada mañana las atracciones no estaban activas y las lonas cubrían los diferentes cachivaches, todo estaba quieto a excepción de un juego de barcas en el que se columpiaba un grupo de muchachos de nuestra edad. El recinto estaba cerrado por una valla baja, como de un metro de altura, construida en madera a base de unos largueros de tablón y unos montantes de tabla clavados a los largueros y separados entre si como una cuarta. los montantes estaban pintados alternativamente en blanco y azul celeste, aunque la continua exposición a las inclemencias del tiempo había desvanecido los colores y parecían de un uniforme tono sucio y grisáceo.
            - ¿Están funcionando las barcas? - preguntó Rivas a los chicos que se columpiaban.
            - No -respondió uno de ellos-. Pero como no tenían cadena y la puerta estaba abierta las estamos usando.
            Seguramente había sido un descuido del dueño de la atracción que terminando muy tarde su trabajo el día anterior, pues los sábados era el día que más se prolongaba la verbena, se había retirado a dormir sin tener ninguna precaución de dejar protegida su propiedad. En cualquier caso era una buena oportunidad de divertirnos sin gastar dinero y no necesitamos ninguna invitación para estar a los pocos instantes incorporados al juego.
            Primero subimos en una de las embarcaciones Paco y yo mientras Rivas le daba marcha, y luego fuimos rotando los puestos de balanceados y balanceador.
            La forma normal de frenado consistía en un tablón de madera que se elevaba el suelo mediante una palanca y con el rozamiento con la quilla iba haciendo más cortos los periodos de elongación hasta la total detención de la barca, lo cual llevaba un aunque breve si considerable tiempo, que se podía reducir si el balanceador se enganchaba a la borda y contribuía con su propia inercia al frenado.
            En esto apareció un hombre gritando.
            -¡Eh, chicos! ¡¿Qué hacéis ahí en las barcas?!
       Y todos nos asustamos pensando que se trataba del dueño de la atracción y que nos iba a hacer algo. El pánico es una sensación de temor hacia algo indefinido y por tanto está fuera del alcance del raciocinio. Por tanto debió de ser pánico lo que apreció Paco en nuestras voces cuando le instamos a detener la barca con prontitud y acuciado por ellas y con un sentimiento de compañerismo mal entendido en vez de recurrir a la palanca de frenado decidió detener el móvil con las manos sin reparar en que la fuerza de inercia que llevaba en el descenso se las podría doblar e impactar la quilla en su cabeza. Como así sucedió saliendo lanzado hacia atrás hasta caer en tierra.
            Tenía una profunda brecha en la frente por la manaba sangre en abundancia y la ocupación de la atracción de feria pasó a un plano secundario ante la premiosidad de procurar atención a la herida.
            El hombre de los gritos también colaboró en el traslado de nuestro amigo, con lo que nos enteramos que no se trataba del propietario de las barcas sino de otro feriante que tenía un kiosko de bebidas y sólo conocía al dueño como cliente de su chiringuito, hasta la Casa de Socorro, relativamente cercana, pues ocupaba, y ocupa, uno de los bajos laterales de la Tenencia de Alcaldía, lo que fue el Ayuntamiento del pueblo de Tetuán antes de que fuera anexionado por la capital.
            Fue más lo escandaloso de la sangre y el susto que la importancia real de la herida pues la pudo cerrar el practicante de guardia con un par de puntos de sutura.


            Aunque tal vez le produjera alguna otra herida interna en el coco, porque una vez que le fui a visitar me habló de un niño que de vez en cuando se sentaba junto a su cama y decía ser amigo mío.
            - Como habla en francés no le entiendo de la misa a la media pero es muy simpático y asegura que tú escribirás sobre nosotros…
            - Si dices que no entiendes lo que te dice ¿cómo puedes saber de qué te habla?
            - Lo leo en su mirada… y también me cuenta cosas sobre Miserables…
            - ¿Miserables?
            - Personas que encarcelan por robar un pan para dar de comer a sus hijos…
            - ¡Seña María creo que a Pedrito le ha vuelto a subir la fiebre!

            Como su madre era muy católica y hacia pocos días que había fallecido el papa Juan XXIII, al que se le tenía por santo, con cierto merecimiento pues se le había ocurrido mirar hacia la Iglesia de los Pobres, atribuyó que el impacto que pudo ser mortal se hubiera quedado casi en nada por su intersección desde los cielos… Y vistió durante una temporada el hábito del Carmen, de color marrón con un cordón trenzado en la cintura de tono morado, costumbre que estaba bastante extendida por aquellas fechas cuando se hacía algún tipo de promesa a los Cielos por la sanación de un familiar.
           

No hay comentarios:

Publicar un comentario