jueves, 26 de abril de 2012

28 y ÚLTIMO


DONDE SE PONE CULMINACIÓN A LA PRESENTE NOVOLA QUE COMO LA LUNA TARDA ESTE PERIODO EN DAR UNA VUELTA DESDE EL ROSA AL AMARILLO A CADA MES DE LOS VIAJEROS DEL DESTINO.

            No siempre es la calidad lo que marca el que una película permanezca imperecedera en nuestro recuerdo, sino el que haya sido capaz de tocarnos alguna fibra sensible en un momento dado. Si hubiera visto "Del Rosa al Amarillo", de Manuel Summers, unos años después es probable que ni siquiera hubiera soportado verla por completo. Pero cuando la vi en el cine Savoy aquella tarde de sábado se me hizo tan corta y liviana que de buena gana hubiera repetido el domingo si hubiera tenido ocasión de tener la misma compañía. He de decir en descarga de su director que tal vez fueran las circunstancias de la época las que le impedían hacer un cine mejor, pues cuando intentó rodar un buen documental, “Juguetes Rotos”, sobre personajes del mundo del espectáculo que tras tener un momento de gloria desaparecen de la vida pública, se llevó un buen batacazo de taquilla, que ya le llevó directamente al cine comercialoide.  De esta última película lo único que se sigue recordando y escuchando es su tema musical, Romance Anónimo, que en algunas versiones se conoce por el título de la peli.

            Me resultaba difícil salir con el grupo de los emparejados porque me sentía fuera de lugar, y así aunque nos veíamos casi a diario, a la hora del paseo de los sábados y domingos, o bien me quedaba en casa con la disculpa de que ahora tenía que estudiar más, lo que por cierto era cierto, o bien salía con algún otro desparejado.
         El caso es que aprovechando que había venido a visitar a Visi, la novieja de Manolo C, una prima suya aquel fin de semana, me invitaron a ir con ellos para completar parejas. Estos completamientos de parejas casi siempre son tan forzados que resultan mal, y han sido objeto atención por algunos directores en películas cómicas, entre otros por Woody Allen, en varias ocasiones como en "Sueños de Seductor", pero a veces funcionan, al menos durante un tiempo.

          La fría tarde otoñal invitaba a buscar el refugio de una sala cine, donde además no es necesario hablar mucho para romper el hielo. La muchacha en cuestión no era especialmente atractiva, se llamaba Isabel y sonreía mucho, con una risa bastante tonta, como forzada para aliviar la situación de un encuentro entre desconocidos, y mis sonrisas y frases sin sentido también debían de seguir caminos paralelos, pero aunque tenía mi misma edad como es sabido las niñas desarrollan mucho antes y ya se le notaban incipientes los atributos de su sexo, y sin querer queriendo mis ojos se iban entre frase y risa hacia sus pechos que por el momento se escondían bajo un abrigo de paño color canela, que aunque un poco raido, seguramente heredado de una hermana mayor, la sentaba muy bien. Ella notaba mis miradas y parecía que le gustaba que apreciara su femineidad. Era morena clara y sus ojos castaños sin ser muy grandes sí que eran brillantes, y sus pequeñas manos parecían lindas y suaves…

            La película, en blanco y negro, tiene dos partes bien diferenciadas con amores imposibles-posibles de adolescencia y de senectud. El título si se trataba de identificar colores con situaciones hubiera sido más propio "El Rosa y El Amarillo" porque los colores intermedios faltaban.
             El Rosa describía unos incipientes amores entre un niño de doce años (interpretado por Pedro Díaz de Corral) y una niña de trece (interpretada por Cristina Galbó). La situación tenía pues una cierta relación con la nuestra, pero estos niños pertenecían a la burguesía media, y para el autor debían de ser cursis, bastante cursis, lo cual diferenciaba mucho a los espectadores de lo visionado. Pues Isabel no nada de tenía de cursi.
            El Amarillo era un amor de senectud entre dos viudos que estaban en una residencia de ancianos y ya no esperaban gran cosa de la vida, pero no me enteré demasiado del desarrollo de esta historia por lo que cuento más adelante.

            Como era una sesión continua y el cine no estaba muy lleno pudimos ocupar la parte central de una de las últimas filas del anfiteatro. Al poco de comenzar la proyección Manolo C. me dio un codazo y me susurró al oído:
            - Según su prima es muy cariñosa… y si seguís tan envarados nos vais a fastidiar la tarde a todos porque nuestras chicas se van a cortar…

            Algo había que hacer, y me puse a acariciar la mano de Isabel que tenía sobre el reposabrazos de la butaca, a lo que ella respondió acariciando la mía y mirándome con ternura, lo que me hizo sentirme más audaz y atreverme a colocar mi brazo sobre su hombro opuesto atrayéndola hacia mí, con lo que nuestros rostros se situaron bastante próximos y podía sentir el aliento de su boca tan cercano que cuando nuestros labios se juntaron no me sentí sorprendido sino como el viajero que llega al puerto esperado…
            Ella se cubrió con su abrigo y yo la imité con mi gabardina, y quedamos en una penumbra íntima dentro de la penumbra de la sala. El resto de la proyección transcurrió entre caricias de lenguas y manos, y… ella debía tener experiencia en las cosas que nos gustan a los chicos porque me bajó la cremallera de la bragueta del pantalón con mucha soltura y se puso a manipular mis partes haciéndome conocer placeres no imaginados y ayudándome a que mi párvula mano se los procurara a ella jugueteando en su entrepierna. Sin duda no era su bautizo en este tipo de prácticas porque supo hacer el hueco preciso entre las braguitas para que uno de mis dedos entrara en donde nunca había estado y sintiera un calor desconocido. Los besos se fueron haciendo más acuciantes y en un momento dado, tras un gemido, soltó mi boca y se acurrucó junto a mí, mientras sentía que me derramaba en su mano..
            - Me has hecho muy feliz -susurró a mi oído y me ofreció un pañuelo con una mano mientras se llevaba la mojada a la boca y se la relamía.
            Unas sonrisitas cómplices de Visi, Amparo y los Manolos me hicieron apercibirme de que habían estado al tanto de nuestra actividad y se me bajo la erección de una forma instantánea. Supongo que me puse colorado como un tomate pero la escena en pantalla era bastante oscura para distinguir colores…
            - Gracias, mejor salgo al lavabo…

          Entre que se me tilde de vulgar o de romántico me quedo con la última opción, así que nos despedimos con un largo beso debajo de una farola de gas junto al portal de la casa donde vivía Visi, prometiéndonos amor eterno y quedando para volver al cine el día siguiente… Y partí hacia el 93 como si caminara por la acera a un palmo del suelo.

       Debieron ser mis precoces lecturas del Dante, todos sus escritos dedicados a la idealizada Beatrice, que me hicieron concebir que para poder escribir había que tener una musa no como idea de la inspiración sino con dimensiones tangibles, rostro y olor corporal.

         Así se fue generando esa esquizofrenia del alma entre el amor material y el espiritual. Eugenia e Isabel. Amor Divino, Amor Humano, que ya había pintado Tiziano algunos siglos antes.

     Pasé la noche casi sin dormir elucubrando sobre sensaciones, potencialidades y racionamientos, creo que hasta se me volvió a aparecer en algún ensueño el extraño niño de raras vestimentas y me puso una pluma en la mano. La sensualidad parece ser un buen oxigenador del cerebro.

            Había quedado con mi compañero Arturo a la mañana siguiente, para dar una vuelta por el Rastrillo de Tetuán y comprar en los tenduchos especializados algún texto que necesitábamos como complemento para las clases de Lengua.

            - Te veo mala cara, Ramón María.
           - Tuve una tarde espléndida… y una noche bastante complicada con el recuerdo de la tarde…
            - En casa no la tuvimos mucho mejor, a mi hermana le dio por bajarle la regla por primera vez y se asustó mucho.
            - Tengo entendido que está relacionado con las fases de la luna.
           - Anoche fue luna llena… Mira que pluma más linda, ¿me permites que te la regale por Navidades?

                                   FIN & THE END

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