sábado, 7 de abril de 2012

9


            DE UN PUENTE SOBRE UN RIO MUY LEJANO Y SOBRE LA DIGNIDAD HUMANA.

            No debió de traerle buenos recuerdos a mi padre "El Puente sobre el río Kwai", de David Lean, pues el había sido prisionero de guerra, y es el tema que trata la película, o más bien el de la dignidad del hombre en cualquier situación, y en caso extremo como prisionero. También es posible que pensara que más importante que ganar una guerra es vencer en la paz, es decir, convencer en el empeño de un proyecto común.
            Casi todos los vecinos, como de clase obrera que eran,  habían sido partidarios del bando republicano y los que habían estado en edad de ello habían participado activamente en la lucha, pero era aquel un tema de conversación que no solía tratarse, lo primero porque estaba prohibido hablar de política y lo segundo porque no eran gratos recuerdos y en general iban asociados a la idea de hambre y escasez.

            Las excepciones más señaladas eran el padre de Manolo A.,  y "el Brigada", aunque este último en realidad no era vecino del 93 sino que aunque viviera en casa de Eulalia su domicilio, su esposa y su familia estaban en otra parte. Eulalia, su señora madre y "el Brigada" ocupaban uno de los exteriores del tercer piso. Las dos mujeres se llevaban muy bien con el resto de los vecinos, y en cuanto a él desempeñaba a la perfección el papel de visita, es decir que no tenía tratos con nadie, saludaba cortésmente a cualquiera con quien se cruzara en las escaleras o el portal pero no trababa conversación con ninguno, incluida la portera.

            Tenía, en efecto, la graduación de brigada del ejército de tierra, y servía en el arma de intendencia, probablemente en oficinas, porque solía llegar vestido de uniforme a la hora de la comida y ya no volvíamos a verle a no ser en compañía de Eulalia, ya tarde y vestido de paisano.
            Eulalia era una mujer muy guapa, tendría entonces como unos cuarenta años pero, como se cuidaba mucho y sabía vestir con buen gusto, aparentaba menos. La madre salía poco de casa porque, como ella misma decía, sentía vergüenza de la situación en que las circunstancias la habían puesto.
            - Cada uno vive en su casa como puede y el que no tiene un problema tiene ciento - le decían las otras vecinas, entre ellas mi madre, para animarla, pero ella era incapaz de vencer su pertinaz vergüenza y procuraba evitar a los otros.
            La hija sí que mostraba desenvoltura y hablaba mucho con las vecinas, en particular con la madre de Mariluz, que como era modista la llevaba cortes de vestido regalados por "el Brigada" y le pagaba su trabajo en especie,  por lo general alimentos sacados del economato militar, que bien le servían para completar la alimentación de la familia.

            Siguiendo el hilo del militarismo, como literatura ilustrada disponíamos de los tebeos, que por el área anglosajona se denominan comic, como ya también por aquí, y eran abundantes los que versaban sobre temas guerreros: Hazañas Bélicas, con argumentos procedentes de la 1ª y 2ª guerra mundial (roguemos por que no haya una tercera); El Capitán Trueno, con un héroe cristiano medieval desfaciendo entuertos por los cinco continentes; El Jabato, en lucha contra Roma por la independencia patria… por sólo citar algunos. Y el caso es que la palabra de donde provenía el término era de una publicación de lo más inocente denominada TBO, con historietas bastante pueriles en su mayoría. Para las niñas también había publicaciones específicas llenas de hadas, romanticismo edulcorado y glamour, supongo… porque nunca leí ninguna, ya que estaba mal visto que las ojearan los chicos, puesto que militarismo y machismo eran dos conceptos que iban bastante unidos por la época.

            Y creo que ya es llegado el momento de explicar por qué numeré al edificio como el 93, cuando podía haber utilizado cualquier dígito para un edificio inhabitado por personas que sólo residen en mis sueños de adolescente, y por qué se nombra a un Hugo que ya hacía muchos lustros que nos había dejado…
            O… ¿lo dejo para más tarde?


            Víctor Hugo pasó parte de su infancia en Madrid estudiando en un colegio que hoy lleva su nombre, sito en la plaza de Santa Bárbara (bendita, patrona de los mineros… Mira Maruxiña, mira como vengo yo), y escribió entre otras una hermosa novela que tituló “El 93”, porque sucedían los hechos que describía en 1793, año de profundas convulsiones por la Francia…
            Pero volvamos a la película.
           
            Al final el dichoso puente vuela por los aires y todo el trabajo se va al garete, al fin y al cabo como una referencia a los mitos de los Titanes, los humanos y las humanas somos así: siempre tejiendo y destejiendo una tela que nunca tiene fin…



            El gran actor Alec Guiness, como muy digno jefe de los soldados ingleses prisioneros de los japoneses en las selvas de Indonesia, lleva sobre sus rectas espaldas el peso de la interpretación, y se le nota que le duele bastante la destrucción de su obra de ingeniería porque, al fin y al cabo, la obra bien ejecutada tiene un valor por sí misma, y cualquier puente debería servir para tender lazos afectivos y no para distanciar a los pueblos.

            Aunque la acción se desarrolla en Asia la vimos proyectarse en el cinema Europa como en un juego de continentes. El tal cine formaba parte de un soberbio edificio proyectado por el gran arquitecto Gutiérrez Soto, al que también se deben algunos de los más emblemáticos cines de la Gran Vía. Proyectista de muchas cuerdas, también es autor del Ministerio del Aire, en un estilo neo herreriano de dudoso gusto, supongo que por adaptarse al nefasto idem de quienes le hicieron el encargo, y de varios edificios para apartamentos en los que demostró mucha solvencia en el tratamiento de las unidades residenciales.
            Durante la Guerra Civil fue la sede de las Juventudes Libertarias, el cine, digo, y se cuenta que en él murió el conocido anarquista Buenaventura Durruti tras ser tiroteado, parece ser que por fuego amigo de desertores, en la cercana avenida de la Reina Victoria, que a la sazón se denominaba Paseo de Ronda, por haber sido en tiempos parte de la muralla que rodeaba Madrid.
           


No hay comentarios:

Publicar un comentario