SOBRE PELÍCULAS DE PICAROS EN CINES
DE PICARDÍA, Y DE LAS DIVERSAS FLORAS Y FAUNAS QUE COHABITABAN EN EL EDIFICIO.
La familia de la portera vivía aún
más amontonada que la de Rivas, porque además eran dos familias en una, es
decir, la propia de la portera con toda su prole, y la de su cuñada con la
suya. Para alojarse toda esta muchedumbre disponían de una habitación, una
cocina y un salón-comedor que era a la vez la portería propiamente dicha con
una ventana que la comunicaba con el portal. Como se las arreglaban para
pernoctar los mayores nunca lo supe ni me interesó, en cuanto a los chavales,
que serían por los menos seis de diversas edades desde los once a los tres
años, dormían en literas adosadas a la pared de la cocina, que estaban abatidas
durante el día y se hacían camas por la noche.
La portera, pues la función de la
portería estaba asignada a una mujer, era también la persona encargada de
mantener limpio el portal y el primer tramo de la escalera antes que se
bifurcara hacia exteriores y galerías, y a cambio de este servicio y de los
propios de información, recogida de certificados, etc., no tenía que pagar
alquiler.
Estebita era uno de los hijos de la
portera, y sería de mi edad, su primo Nani también era del mismo tiempo, pero
no nos llevábamos muy bien con él, ni Estebita ni ninguno de nosotros porque
era de carácter retraído y tenía instintos criminales, metía petardos en los
hormigueros para destrozarlos y luego pisoteaba a las hormigas. Esto lo hacía
en los hormigueros de la acera pues por entonces todavía no estaba embaldosada
en su totalidad.
Los grupos de afinidad se forman de
una manera espontánea, así el que constituíamos Pedro, Rivas y yo tenía tal
carácter, y era de una naturaleza inquebrantable, y son poco proclives a admitir
nuevos miembros, pero para ciertas actividades es necesaria la presencia de un
grupo más nutrido, y Estebita con su
propio grupo de colegas siempre estaba dispuesto a colaborar con
nosotros si la empresa era de mayor entidad, como un partido de balompié o una
pedrea contra los chavales de alguna calle colindante aprovechando que se
estuviera realizando una obra de pavimentación que nos surtiera de munición
abundante, o para ir en tropilla al cine.
No se acababa la fauna de insectos
en las hormigas, pues el 93 disponía también de carcomas, que iban poco a poco minando su estructura de
madera, y de chinches. Éstos molestos bichitos no eran huéspedes de todas las
viviendas, pues la mayoría de las señoras se afanaban mediante una esmerada
limpieza en echarlas de su casa, pero bastaba con que hubiera algún apartamento
en que se descuidara la higiene para que los insectos fueran saltando de
vivienda en vivienda y se declarara el zafarrancho de combate.
Y, en verano, teníamos siempre
invitadas a la mesa a las moscas, que nunca supe muy bien por qué se las denomina
“domésticas” cuando es claro que son imposibles de domar, y es un bichito que
siempre va a su bola y además obstinado cien por cien en situarse en los lugares
menos apropiados. La vaquería, que teníamos cercana al edificio, era un buen
semillero para estos alados compañeros de viaje de los humanos a los que se ha
dedicado más de un poema, como el célebre de don Antonio Machado, al que puso música un argentino y difusión un catalán... universalidad de los molestos dípteros.
De cuando en cuando, procedentes del
colegio, nos traíamos alguna colección de ácaros prendidos en el cabello y era
necesario un buen corte de pelo y frecuentes lavados de cabeza con vinagre, lo
que nos dejaba un olor bastante insoportable y pocas ganas de salir a jugar.
Procedentes de las jaulas donde les
tenían encerrados se podían escuchar los trinos de canarios y ruiseñores,
mientras que en primavera y verano se podían ver contra el azul intenso del
atardecer el vuelo de las golondrinas que anidaban en los aleros del edificio.
En cuanto a la flora, los patios y
galerías eran el reinado de la maceta con el geranio como gran protagonista,
aunque tampoco faltaran los claveles y las hortensias, y alguna que otra planta
verde, unas que parecían de procedencia exótica y otras, como la hierbabuena,
que se utilizaban para aromatizar la sopa del cocido.
No era la situación económica de su
familia la más favorable para que Estebita pudiera recibir dinero de sus padres
para ir al cine, pero siempre había alguna vecina dispuesta a invitarle cuando
iban sus hijos, y en esta ocasión fue mi madre, pues no le gustaba que fuera
solo, quien nos proporcionó lo necesario para pagar las entradas del cine
Montija, denominado en el argot como "El Palacio de las Pipas",
sobrenombre que se ajustaba bastante a la realidad cuando al terminar una
sesión doble y encenderse las luces de la sala podía observarse todo el suelo
alfombrado por una capa de varios centímetros de cáscaras de pipas de girasol.
"Los Tramposos" es un
ejemplo de como se tradujo el neorrealismo italiano por estas tierras, en que la
figura del pícaro tiene tanta tradición desde el Siglo de Oro, con el Lazarillo
de Tormes y El Buscón, entre otros.
La película, realizada por Lazaga en
1960, y protagonizada por Toni Leblanc y Conchita Velasco, es una más de las
muchas que se hicieron por aquellos años sin ningún tipo de trascendencia mayor
que tratar de divertir mirando el lado optimista de las miserias cotidianas.
Y,
en realidad, más que de tramposos se trataba de timadores, con lo que la
película resultaba un auténtico catálogo de los timos más frecuentes por
aquellas fechas, entre los que destacaba el del "toco mocho", que
nunca dejará de estar de actualidad, con diferentes variantes, mientras siga
habiendo personas dispuestas a creer que alguien te puede cambiar duros por
pesetas, porque en él se ponen al mismo nivel moral el timador que el timado,
quien cree estar engañando al cómplice del timador. En este papel hace una
imborrable actuación Toni Leblanc con el estribillo: "!Estampita a
pesetita!, !Estampita a pesetita!", dejando volar algún billete de mil
pesetas, una cantidad muy fuerte para el 63, que saca de un sobre que parece estar lleno de tales billetes, y que la víctima,
demasiado tarde, descubre que está lleno de recortes de periódicos. Pero nunca se
aprende, sino ahí tenemos el caso de las crisis de las financieras que se
repiten una y otra vez cada un cierto tiempo.
El filme tenía para los muchachos
del 93 tenía el aliciente añadido de que el caserón donde viven "Los
Tramposos" era conocido por nosotros y lugar, sino habitual de nuestros
juegos, si bastante frecuentado, al estar situada en los terrenos que el canal
de Isabel II tenía junto al paseo de la Castellana, es decir, relativamente cerca de colegio,
y estar el hijo de los guardeses de la finca en nuestra clase.
En estos terrenos se edificaría años
más tarde un complejo de construcciones y plazas denominado AZCA, que alberga,
entre otros edificios tan emblemáticos de la ciudad, la Torre Picasso, diseño
del arquitecto japonés Yamasaki, célebre por haber realizado también las
desaparecidas Torres Gemelas, o Wold Trade Center, en New York…

Para navegantes desinformados:
ResponderEliminar"... Moscas del primer hastio,
en el salón familiar
donde yo aprendí a soñar,
vosotras, moscas voraces
me mostráis todas las cosas..."
La música la compuso Alberto Cortez,gracias te damos los que tuvimos el privilegio de vivir momentos inolvidables escuchando tus canciones en directo, y, como no, Joan Mauel Serrat al servicio de ponerle voz a las poesías...